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Zarpamos

Bienvenidos a todos y todas. Comienza aquí un viaje al que siempre le tuve miedo.

Hoy este velero leva sus anclas y comienza un viaje sin un rumbo concreto. Abierto a las aventuras y dispuesto a conocer mundo, personas y culturas, y también, por qué no decirlo, a mostrarse y empaparse de otras experiencias.

Soy el patrón de este velero. Soy José María Moreno. Un chico que, a sus 31 años, por fin ha decidido levar anclas, armar las velas, surcar los mares de este regalo que llamamos vida y expresarlo tal cual lo siente y lo recibe. Mares de libertad, transparencia y sobre todo, aprendizaje.

En realidad, he querido hacer coincidir el inicio de este viaje con otra partida, sucedida hace justamente un año. Un 29 de octubre de 2014. Ese día partía de mi vida una de las personas de las que más he aprendido, con la que más he disfrutado y a la que más he admirado. Mi abuelo. Hoy hace un año, sus manos me apretaron por última vez, en señal inequívoca que su viaje terrenal concluía y comenzaba su marcha hacia otros puertos.

Francisco Moreno Ramírez vivió 85 años repletos de aventuras, en los que su familia y sus seres queridos ocupaban todo su tiempo, porque lo que quería era lo mejor para ellos.

Provenía de una familia muy humilde de la Serranía de Ronda y pronto descubrió que en una España donde las comodidades apenas existían, tenía que arreglárselas para ayudar a sacar a la familia adelante.

Con tan sólo seis años recorrió cientos de kilómetros por los pueblos de Andalucía junto a su familia y las “bestias” (así llamaba a los burros y caballos que tenían), huyendo de la Guerra Civil Española. Desde niño tuvo que trabajar, daba igual en qué: el campo, hacer recados,… lo que fuera. El objetivo era “llevar algo a casa” para ayudar a sus padres y hermanos.

En 1960 viajó a Alemania, donde trabajó en una fábrica de repuestos de coches durante cinco años. Volvió a Ronda y fruto de su visión emprendedora y de su agudeza para los negocios, puso en marcha un cine de verano por los pueblos de la Serranía. Entre los mayores de la zona aún se recuerda su llegada, cada verano, en motocicleta y las proyecciones sobre grandes paredes blancas o sábanas (las películas del oeste eran las preferidas, «había muchos tiros, aunque a las mujeres no les gustaba tanto porque con tanto caballo y tierra, las sábanas podrían quedar dañadas»). También abrió una tienda de víveres, y, con su furgoneta, ideó un recorrido para abastecer a los pueblos cercanos de verduras, hortalizas e incluso pescado que compraba en Málaga.

En julio de 1973 una nueva aventura se cruzó en su camino. Se trataba de un nuevo viaje: la invitación de su hermano a establecerse en Canarias, «una tierra agradable y donde podría poner en marcha nuevas acciones comerciales». Aceptó. Pero esta vez, se llevó consigo a toda la familia (cinco hijos, su suegra y su mujer) ya que se trataba del destino definitivo. Y así fue.

En Tenerife abrió una tienda de ropa y textil y puso en marcha un negocio de venta a plazos por los pueblos de la zona norte de la isla que continuó hasta hace una década.

A partir de 1984 llegaron sus siete nietos, entre los que me encuentro. Nos quería con locura y nosotros a él. Escucharlo era como estar en una clase de historia, de filosofía, y sobre todo de vida. De él aprendí a no darme por vencido por muy duro que fuese el golpe, porque como decía “siempre se puede aprender algo, hasta de lo más negativo ya que en eso consiste la vida, en aprender y avanzar”.

Ese espíritu de lucha lo mantuvo hasta su último suspiro. Peleó durante más de un año. Como si de un marinero se tratase, se enfrentó a una mar embravecida, una maldita enfermedad que lo quiso tumbar pero a la que supo plantarle cara estoicamente.

Francisco Moreno, era un intrépido, le encantaba viajar y conocer mundo, y siempre quería llevarnos allá donde fuese. Daba igual el destino, el objeto era “estar en familia” y disfrutar de los momentos porque según nos recalcaba de manera habitual: «eso será lo único que nos llevemos cuando nuestra labor en la tierra haya terminado». Ronda, Málaga, Cádiz, Andorra o Pamplona fueron algunos de los lugares que visité con él. Daban igual las horas de viaje, los trayectos con él siempre eran amenos, divertidos y se aprendía mucho.

Son miles de anécdotas y vivencias las que se me asaltan en el momento de escribir estas líneas, pero una sobresale de todas, es una frase que repetía y que se ha quedado en mi memoria y que, con el tiempo, también la he aplicado como una filosofía de vida: «No hay que amoldarse ni acomodarse a nadie, ser como se es, pero siempre buena persona y sin hacer daño a nadie».

Hoy, un año después de su partida, no encontraba mejor homenaje y mejor recuerdo que inaugurar mi página personal haciendo un recorrido por su vida.

Así era, así fue y así quisiera ser yo. Limpio de corazón, lleno de energía y vitalidad, tolerante, divertido, cariñoso y sobre todo, una persona muy sabia gracias a su esfuerzo y su experiencia, porque, aunque no tuvo la posibilidad de estudiar, la vida le enseñó muchas cosas.

Eso es lo que precisamente encontrarás en este velero que hoy zarpa. Este será un espacio donde compartiré mis inquietudes, reflexionaré sobre temas de actualidad, trataré temas de la comunicación y las nuevas tecnologías y también sobre experiencias personales que me hayan sucedido o que me vayan sucediendo.

Antes de concluir este primer post me gustaría citar las palabras que esta mañana recibí de una persona que me quiere: “Hoy es un día complicado ya que recuerdas a alguien muy importante que se fue, pero que se tenía que ir y descansar. Partió con sus sueños realizados. Él está contigo en cada cosa que haces aunque no lo puedas ver. No quiere verte triste porque se fue, siempre estará contigo. Solamente quiere verte feliz y que lo hagas sentir orgulloso, así que arriba ese ánimo. Hoy y siempre. Porque con una sonrisa tuya, su estrella brilla con más fuerza”.

Por esto, sé que, allá donde esté, tendré un lector muy especial. Un ángel que me guía, que me cuida en todo momento y del que me siento muy afortunado por haber sido su nieto.

Muchas gracias por su atención y espero que disfruten de este viaje que hoy comienza.

Abuelo