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Adiós 2020, el año que aprendimos a vivir de nuevo.

Como viene siendo habitual, excepto en 2019, me acerco a esta ventana a hacer balance del año que se va y a ver con ilusión el año que entra.

Se va el 2020, el año que aprendimos a vivir de nuevo, y que nos enseñó a que lo importante es el presente y que no hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista. Pero lo más importante que nos ha enseñado es a valorar de verdad la salud. La salud nuestra y la de las personas que queremos, y por eso, hemos tenido que hacer muchísimos esfuerzos.

2020 pasará a la historia como el año que cambió nuestras vidas. Allá por febrero, algunos ya lo veíamos venir desde enero, comenzaron a escucharse unos ecos de una nueva enfermedad que afectaba a millones de personas y que llegó a confinar ciudades enteras en China.

Ya en marzo, lo que parecía lejano, nos tocó de lleno. La enfermedad no conocía de fronteras, estatus social ni hacía ningún tipo de distinción. Se contagiaba a través del aire y la saliva que expulsamos cuando hablamos o nos relacionamos y eso hizo que todo cambiara. Se dictaron medidas restrictivas, nos confinaron y vivimos varios meses en nuestros hogares sin salir sino a lo indispensable (el supermercado y poco más).

En abril ya se hablaba de una pandemia mundial, y en algunos países llevábamos semanas confinados. Las noticias eran poco alentadoras, con un pico de casos positivos cada día, las cifras de fallecidos no paraban de crecer, y nadie sabía a ciencia cierta cómo actuar.

Fueron meses complicados para todos. Estar en casa no siempre fue fácil y el encierro nos ayudó a muchas cosas. Hicimos ejercicio en casa, descubrimos rincones y mil desperfectos a arreglar cuando pudiéramos salir a la calle, puso de manifiesto la solidaridad con el aplauso (siempre puntual) al personal sanitario, vimos todas las series pendientes y leímos aquellos libros que teníamos atascados. Fue un tiempo en el que se reforzaron las relaciones de pareja (como mi caso), aunque para otras personas no fue así, y es que pasar las 24 horas del día durante casi 100 días fue una verdadera prueba para muchas parejas y familias.

Con la llegada del mes de mayo llegó el final del confinamiento estricto y casi veíamos la luz al final del túnel, aunque nada volvería a ser como antes (por lo menos, de momento). Varias fases de desescalada en el país, que fueron desarrollándose de manera diferente según cada comunidad autónoma, pero con unas medidas comunes: uso obligatorio de mascarilla cubriendo nariz y boca, lavado frecuente de manos y distancia social.

A partir de junio nos adentramos en lo que llamamos ‘nueva normalidad’. De normalidad tenía poco, pero de nueva sí. Como ya he dicho, las mascarillas, los hidrogeles y la distancia social eran las medidas más efectivas para intentar no facilitar que ese bicho nos pillase. Pero a eso había que sumarle lo más complicado, establecer nuestro círculo de amigos y familiares cercanos con los que interactuar, pero con seguridad. Un círculo que debíamos y deberemos seguir respetando para que esto no se siga extendiendo.

Pasado el verano, afrontamos el otoño y el invierno con muchas interrogantes abiertas, pero con la certeza de que el ser humano es capaz de lograr cosas impresionantes en poco tiempo. Así, hasta 3 vacunas han visto la luz en estos meses y dos de las cuales ya se están suministrando desde el pasado 27 de diciembre en toda España y gran parte del planeta. El mundo parece recuperarse poco a poco de esta gran sacudida, que además de vidas, ha golpeado duramente la economía mundial y cuyos efectos de desempleo y precariedad aún están por llegar. Todo se paralizó durante meses y poco a poco se ha venido reactivando.

Otra de las cosas más difíciles de llevar en estos meses, ha sido, es y seguirá siendo abrazarse, mostrar el afecto como hasta ahora lo mostrábamos, o quedar para tomar unas cervezas o cenar con los que hasta ahora eran nuestro amplio círculo de amistades. Tardaremos en volver a la normalidad de siempre, pero debemos ser prudentes y continuar la senda marcada hasta ahora. De lo contrario, tiraremos a la basura todo el esfuerzo que hemos hecho durante el año.

Hemos aprendido a saludar y a mostrar nuestros afectos desde la distancia. Se hacía (y se sigue haciendo) difícil no poder abrazar o sentir un abrazo de quienes más queremos, pero si cumplimos, pronto podremos volver a hacerlo, porque todo habrá pasado.

Este año 2020 también nos ha enseñado conceptos nuevos, unos mas “negativos” como coronavirus, Covid-19, cepa, aerosoles, gotículas, neumonía bilateral, ERTEs, y otros más “positivos” como N95, FPP2, geles hidroalcohólicos, PCR, test de antígenos, corredores seguros, teletrabajo, videoconferencias, hacer un zoom…

Así, a pesar de todo, nos ha traído cosas buenas, hemos reforzado muchas de nuestras relaciones (aunque fuera de manera digital), hemos descubierto el teletrabajo y se han puesto en auge cientos de herramientas para mantenernos conectados a pesar de las restricciones. Zoom, Meet o slack, son algunas de esas herramientas que nos han permitido seguir en contacto con “los nuestros” e incluso, a muchos, nos ha ayudado a continuar con el desarrollo laboral desde casa.

Pero también ha sido duro, y quisiera lanzar un mensaje de apoyo y mi solidaridad a los miles de personas que han perdido a alguien este año. Por culpa del bicho, o sin su acción directa, este año ha sido negro en ese sentido. Miles de personas ya no nos acompañan y a sus familias quisiera enviarles un afectuoso abrazo.

Como decía, todo ha cambiado, pero afrontamos un final de año con muchas enseñanzas y aprendizajes.

Atrás quedan meses de confinamiento, de hacer ejercicio en casa, de intentar distraernos con “verbenas virtuales” a través de los directos de Víctor Hubara y Nacho, que nos hicieron olvidarnos de todo por un rato, obligándonos a prepararnos, maquillarnos y ponernos guapos para esas verbenas de sábado noche y en las que conectábamos con cientos de personas a través de Instagram. Y es por ello por lo que también quiero agradecerles esa iniciativa y que nos acompañaran durante 10 semanas.

El 2021 nos va a traer millones de ilusiones y éxitos para todas y todos, pero sobre todo, lo que yo espero, es que nos traiga salud. Salud para nosotros y para los nuestros. Sin eso, nada tendría sentido.

Muchas gracias a todos y todas los que a lo largo del año se han preocupado por mantenerse ahí, por preguntar y por, de alguna manera, hacerse presentes a pesar de la distancia. También quiero darle las gracias a Laura, con quien, gracias al confinamiento, hemos reforzado nuestra relación y salimos del 2020 de manera más fuerte y más unidos. Gracias por aguantarme en esos días interminables, en los que no se podía salir de casa, en los que pasaba muchas horas trabajando, y en los que buscábamos cualquier excusa para reírnos y ponerle buena cara a cada uno de esos casi cien días de encierro. También. Gracias por hacer de la vida un lugar mejor al estar tu lado.

El 2020 nos ha enseñado a vivir de manera diferente y en 2021 (o 2022) ya podremos volver a la tan ansiada normalidad. Todo quedará en una pesadilla y en una serie de enseñanzas que no debemos olvidar.

Antes de terminar, solo quisiera pedirles un par de cosas: responsabilidad y prudencia. Respetemos las medidas vigentes, hagamos uso de la mascarilla cubriendo nariz y boca y no tiremos por la borda todo lo que hemos conseguido. Pronto venceremos a esta pandemia, pero necesitamos de ese último esfuerzo. Seamos responsables, porque nuestro mal hacer puede llevarnos a desandar todo lo andado.

Muchas gracias de todo corazón y brindemos por un año lleno de salud para todas y todos.

Adiós 2020, el año que aprendimos a vivir de nuevo; ¡hola 2021!

¡Salud!

2018, el punto de inflexión

Me asomo de nuevo esta ventana, que tenía prácticamente apartada, para hacer balance de 2018.

Este año que hoy concluye ha sido complicado pero quedará en el recuerdo como un punto de inflexión en mi vida. 2018, además de haber estado plagado de infinidad de bonitos momentos y ser muy intenso, ha sido, en líneas generales, muy fructífero.

Poner en orden muchas cosas, más seriedad y un compromiso profesional y personal con muchas cuestiones y personas han provocado un cambio en mi persona y, por lo visto, ha sido a mejor.

El año 2018 comenzó con nervios, intranquilidad y estrés, pero poco a poco todo se volteó. El tiempo pone todo en su sitio y así ha sido. Ahora, mirando atrás, veo lo aprendido y me siento orgulloso.

Orgulloso de tener una FAMILIA, PAREJA Y AMIGOS con mayúsculas, que se desviven por uno y que siempre tienen la paciencia para escuchar y aconsejar, para empujar en unos momentos y para frenarte en otros, para sacarte una sonrisa o incluso una carcajada. Por eso también debo darles las GRACIAS.

Sigo siendo un “trasto” en algunas cuestiones pero soy muy afortunado de tenerlos y por eso, siempre busco momentos para disfrutar de cada uno de ellos, porque de eso se trata este regalo llamado “vida”: disfrutar de cada segundo como si fuera el último.

Afrontaré un 2019 con muchas expectativas, seguiré construyendo un hogar, disfrutando y aprendiendo de todo y de todos.

Eso es lo que deseo para 2019: un año con mucha salud para todos y todas, con millones de momentos felices y, sobre todo, con la compañía de todos.

Vendrán meses duros, pero eso ya lo sabemos. “Nadie dijo que la vida fuera fácil” pero en nuestra mano está hacerla llevadera. Como escuché hace poco: “No sé si lo nuestro durará toda la vida, pero mientras dure, nos lo pasaremos de puta madre”.

Riamos, compartamos, disfrutemos y hagamos del 2019 nuestro año. Sean felices, rían, sueñen y sobre todo, quiéranse mucho.

Un besazo enorme para todos y todas y mis mejores deseos para este año que entra.

PD: He de reconocer que he faltado a mi palabra de dotar de contenido este rinconcito y he disminuido mi actividad en redes sociales, y no lo prometo, pero intentaré que esto no sea una cita anual, sino que este rincón sea algo más vivo, porque de eso se trata, de vivir y disfrutar.

🎉 ¡Feliz 2019! 🎉

Remar, remar, remar y volver a remar

Marejadas, fuertes marejadas y marejadillas. Así califico estos más de 111 días que han pasado desde la primera toma de contacto con ustedes a través de este canal. 2.664 horas con sus 159.840 minutos de lucha, de fé, de constancia, y de transmitir las ganas de vivir y de luchar a personas importantes. O de lo que es lo mismo: de remar, remar, remar y volver a remar.

“Si sabes lo que vales sal y consigue lo que mereces. No puedes estar diciendo que no estás donde querías llegar por culpa de él, de ella, ni de nadie. Eso lo hacen los cobardes, y tú no lo eres. ¡Tú eres capaz de todo!”. Se trata de uno de los mejores diálogos de Rocky VI, una lección de vida y una filosofía que dice mucho y que siempre recordaré tanto por quien me la hizo llegar como por el fondo de lo que transmite: no abandonar nunca.

Es fácil decirlo y complejo ponerlo en práctica. Estamos de acuerdo. Pero no hay que perder la perspectiva y mantener siempre la esperanza. Con trabajo, dedicación y constancia conseguirás aquello que te marques. Pero no sólo se trata de marcártelo tú sino de contagiarlo a los demás.

A veces, nuestros seres más cercanos atraviesan por momentos complicados en los que su salud peligra, su trabajo pende de un hilo o simplemente no surge la oportunidad que tanto ansían. Es ahí donde también debemos estar nosotros. Apoyando, ayudando, animando, sacando las mejores sonrisas y contagiando esa fé que tenemos en ellos, porque todos queremos verlos sanos y fuertes, y queremos verlos triunfar.

El viaje podrá ser largo, corto, tranquilo o intenso, se complicará por momentos y en otros, todo parecerá en calma. En estos 111 días lo he vivido en mis propias carnes y lo he visto en carnes ajenas. Lucha, constancia y sacrificio que, antes o después, se traduce en la consecución de algo, llámese vida, trabajo o premio.

Remar, remar, remar y volver a remar aunque a veces den ganas de soltar los remos. Agárralos con fuerza, fija tu objetivo, visualízalo, cree en ti y trabaja para lograrlo. Da igual de dónde vengan las olas o cuan fuerte sean, si crees y quieres, puedes. Y si no sale a la primera, no desesperes, pronto llegará.

No se trata de infundir un positivismo irreal ni temerario. Se trata de confiar, de creer, de trabajar, de ser constante, de esforzarse y de contagiar a los demás de eso que buscamos y que sabemos que buscan, de eso que sabemos que tenemos y sabemos que tienen.

Rodéate de personas con ganas, hazte saber lo que quieres, y hazle saber a los demás que no tienen límites. Créetelo y hazle creer a los demás, felicítate y felicítalos sin tapujos, sé autocrítico y sé crítico cuando veas desviaciones del objetivo fijado, pero sobre todo exígete y exígeles a través de la motivación.

Cada uno se marca sus propias metas, y en tu mano está el llegar hasta donde te propongas, pero para ello es necesario creer, porque como bien concluye el diálogo anterior: «Hasta que no empieces a creer en ti mismo, no tendrás tu vida propia».