Marejadas, fuertes marejadas y marejadillas. Así califico estos más de 111 días que han pasado desde la primera toma de contacto con ustedes a través de este canal. 2.664 horas con sus 159.840 minutos de lucha, de fé, de constancia, y de transmitir las ganas de vivir y de luchar a personas importantes. O de lo que es lo mismo: de remar, remar, remar y volver a remar.
“Si sabes lo que vales sal y consigue lo que mereces. No puedes estar diciendo que no estás donde querías llegar por culpa de él, de ella, ni de nadie. Eso lo hacen los cobardes, y tú no lo eres. ¡Tú eres capaz de todo!”. Se trata de uno de los mejores diálogos de Rocky VI, una lección de vida y una filosofía que dice mucho y que siempre recordaré tanto por quien me la hizo llegar como por el fondo de lo que transmite: no abandonar nunca.
Es fácil decirlo y complejo ponerlo en práctica. Estamos de acuerdo. Pero no hay que perder la perspectiva y mantener siempre la esperanza. Con trabajo, dedicación y constancia conseguirás aquello que te marques. Pero no sólo se trata de marcártelo tú sino de contagiarlo a los demás.
A veces, nuestros seres más cercanos atraviesan por momentos complicados en los que su salud peligra, su trabajo pende de un hilo o simplemente no surge la oportunidad que tanto ansían. Es ahí donde también debemos estar nosotros. Apoyando, ayudando, animando, sacando las mejores sonrisas y contagiando esa fé que tenemos en ellos, porque todos queremos verlos sanos y fuertes, y queremos verlos triunfar.
El viaje podrá ser largo, corto, tranquilo o intenso, se complicará por momentos y en otros, todo parecerá en calma. En estos 111 días lo he vivido en mis propias carnes y lo he visto en carnes ajenas. Lucha, constancia y sacrificio que, antes o después, se traduce en la consecución de algo, llámese vida, trabajo o premio.
Remar, remar, remar y volver a remar aunque a veces den ganas de soltar los remos. Agárralos con fuerza, fija tu objetivo, visualízalo, cree en ti y trabaja para lograrlo. Da igual de dónde vengan las olas o cuan fuerte sean, si crees y quieres, puedes. Y si no sale a la primera, no desesperes, pronto llegará.
No se trata de infundir un positivismo irreal ni temerario. Se trata de confiar, de creer, de trabajar, de ser constante, de esforzarse y de contagiar a los demás de eso que buscamos y que sabemos que buscan, de eso que sabemos que tenemos y sabemos que tienen.
Rodéate de personas con ganas, hazte saber lo que quieres, y hazle saber a los demás que no tienen límites. Créetelo y hazle creer a los demás, felicítate y felicítalos sin tapujos, sé autocrítico y sé crítico cuando veas desviaciones del objetivo fijado, pero sobre todo exígete y exígeles a través de la motivación.
Cada uno se marca sus propias metas, y en tu mano está el llegar hasta donde te propongas, pero para ello es necesario creer, porque como bien concluye el diálogo anterior: «Hasta que no empieces a creer en ti mismo, no tendrás tu vida propia».